Hace apenas unos días conocimos la noticia de la marcha de JM Manzano del Real Avila. Una pena desde mi punto de vista. Manzano aportó con su llegada, seriedad, trabajo y dignidad. No digo que antes no tuviéramos estas cualidades, pero en el técnico madrileño destacaban muy por encima de su estatura.
Acostumbrado a entrenar a un equipo sacado de retales, en el que mediaba el casting veraniego para confeccionarlo, ocupandose de labores que un técnico no debe realizar, sacó lo mejor de cada uno de los jugadores durante las dos temporadas que estuvo con nosotros. Trabajador, fiel a la directiva que le renovó cuando las cosas iban bien, después de la sorpresa inicial, ha sido un obrero del futbol, digno, muy digno, que jamas se escudó ni en los árbitros ni en sus jugadores, ni en la falta de recursos humanos ni materiales, que nunca se escondió para explicar las derrotas, o lo mas fácil, para justificar los triunfos.
Ni siquiera al final, cuando las circunstancias del club han traído a otros gestores, ha tenido una palabra mas alta que otra, ni un mal gesto, ni una sola duda al creer en lo que siempre predicaba: trabajo, trabajo, trabajo. Un pequeño gran hombre, sabedor del futbol y lo que le rodea, que vino sin curriculum brillante, pero que se marcha con el mejor curriculum que pueda desear cualquier entrenador: sentirse querido por los aficionados, aquellos que pitaban sus decisiones o no entendían sus cambios en los partidos, pero que siempre vieron en él representado el espíritu del trabajo, la constancia, la sencillez y el bien hacer.
Desde aquí le deseo lo mejor.
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