30
Oct
10

El cuento de las acciones

Hace mucho, mucho tiempo, un club con problemas económicos importantes se sometió a la ley que estaba de moda entonces y se convirtió en Sociedad Anónima Deportiva. Hubo personas, entonces, que compraron acciones de ese club, creo que recordar a 10 mil pelas, en vulgo 60 pavos de los de ahora. El club se salvó de perecer entre las deudas y el fuego eterno de la hacienda devoradora.
Así, pasaron los años, y los que íbamos, entonces y ahora, al futbol los domingos sabíamos que había accionistas (a los que suponíamos compradores de esas acciones en las que se dividió el patrimonio del club) porque nos lo decían, y siempre salía un señor diciendo que era el MÁXIMO ACCIONISTA, pero nada más. ¿Quiénes eran esos señores o señoras que habían comprado el club a trocitos? No sabemos, no contestamos.
Siguió pasando el tiempo y ese club fue otra vez endeudándose, gracias a las deudas no pagadas y a las nuevas contraídas. Y se puso en marcha otra operación “acciones para todos”, esta vez en eurillos, pensando, quizás, que la gente entraría a comprarlas en una época de bonanza económica (más para unos que para otros, lógicamente, en especial para los “ladrilleros”). Este que escribe compró algunas, unas poquitas, ya que soy funcionario y ya se sabe, trabajamos poco pero cobramos lo justo. Pues eso, lo justo para dejar a mis hijos algo más que un recuerdo, que fue lo que mi padré me legó a mí en esto del Real Ávila.
Así las cosas me dieron un papel amarillo donde figura mi número de acciones (la desorbitada cantidad de 30) y la fecha de su pago. Los dirigentes del momento, apoyados por el MÁXIMO ACCIONISTA, afirmaron en variadas ocasiones que las acciones estaban pasando, o iban a pasar, a manos del señor notario, que daría fe de que los compradores éramos los que nos habíamos desprendido de los euracos (pocos como ya hemos visto dada mi situación económica). Lo que no sabíamos era que el señor notario no apareció. Ni en ese ni en otros momentos en los que se ha requerido el título de accionista.
Y siguieron pasando los años. Y en el 2010 me entero que se va a convocar a una Junta de Accionistas. Y claro, quizás soy funcionario, pero no tonto,y  me pregunto: ¿quiénes van a ir a esa Junta? ¿Los que pagaron en pelas o los que lo hicieron en euros? ¿Todos? ¿Algunos? ¿El MÁXIMO ACCIONISTA y esos otros que no conocemos porque nunca nadie nos ha convocado como compradores de unas acciones aunque sean mínimas?

De esto no sé mucho, pero he consultado la enciclopedia, ya que a pesar de ser funcionario también presumo de culto, y las sociedades anónimas están compuestas de personas que compran mucho (MÁXIMO ACCIONISTA)  y otros que compran poco, Y también dice que se les reune de vez en cuando para decirles como ha ido la cosa, si hay que poner pasta otra vez, si hay deudas y quiénes son los que las reclaman, en definitiva para informarles de ese trocito de club que les corresponde, que como digo, en mi caso, debe ser un palote de ese marcador electrónico del estadio que ha muerto de inanición.

El final del cuento no lo sé, pero decía León Felipe (un pobre intelectual, amargado y poeta) que “no le contarán más cuentos, que la historia del hombre se hace con cuentos”, y en eso estoy, tampoco yo quiero que me cuenten más cuentos sobre las acciones, ni que presuman de Junta de Accionistas, pero sí de que me den mi título de accionista y me convoquen a una reunión donde el MÁXIMO ACCIONISTA, me diga que hay de lo mío, porque a pesar de sólo ser 30 las participaciones que tengo en esta gran empresa, tengo el derecho a enterarme y que me digan qué coños está pasando en la sociedad anónima. Y como yo todos los que en su día adquirimos un papelito amarillo donde figura nuestro nombre y la cantidad de dinero que ingresamos en el club en ese momento.

Y si el MÁXIMO ACCIONISTA no lo hace, sabe que está incurriendo en algo que no es legal, y si está cansado de todo esto, que lo diga pero que no siga jugando.

A todo esto, ni tengo dinero ni tiempo para ser MEDIANO, GRAN ó MÁXIMO ACCIONISTA, así que nadie me diga eso tan consabido de: “pues meteté tú”. No, los que ya están metidos son los que tienen que dar explicaciones. Yo sólo cuento cuentos. Y sin calificar a los personajes.

 

 

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